No es ningún secreto que muchos latinos, especialmente en este país, viven en un hibridismo cultural*. Muchos de nosotros hablamos más de un idioma y somos parte de más que una cultura. Los términos “complejo” o “complicado” ni siquiera empiezan a abarcar esta “doble conciencia” necesaria para comprender Estados Unidos.

Sin embargo, el 11 de octubre de 2023, una mujer mostró con orgullo su mezcla musical en el Condado de Orange, California

La cantante, compositora y música mexicana Lila Downs actuó en el Centro de Artes Segerstrom. Describirla como elegantemente agridulce sólo toca la superficie de su poderosa actuación.

Antes del concierto, yo no tenía idea de quién era Lila Downs. Ni sabía cómo era su música. Mi amiga cercana, que ha visto a Downs una docena de veces en los últimos 20 años, me pidió que la acompañara a presenciar el programa de Downs. Aunque acudí sin expectativas, ese espectáculo me conmovió. En más de un sentido.

A la entrada al teatro Segerstrom, en el centro, vimos un hermoso altar que hacía honor al Día de los Muertos. Con numerosos esqueletos, blancos con sendos toques de varios colores, con velas y plantas. Incluso parecía haber gerberas rojas y cactus. Por supuesto, el papel picado mexicano también formaba parte de este santuario.

La pantalla en el escenario solo decía: Lila Downs, Dos Corazones. Y ese escenario estaba lleno de instrumentos musicales. Este espectáculo iba a ser bullicioso.

Lila Downs subió al escenario puntualmente a las ocho. Llevaba un vestido en numerosas capas; de la cintura para abajo un estampado floral morado y rojo claro , y con un top colorido al que se le agregaban volantes blancos en los hombros y finalmente sendos collares de cuentas blancas. 

Su cabello estaba trenzado al estilo indígena. Lo cruzaban cintas moradas, azules y rosas.

Esa vestimenta y esos adornos explican quién es Lila Downs, una mujer cuyos orígenes se remontan tanto a Oaxaca, México como a Minnesota, Estados Unidos. Downs es hija de una mujer indígena mixteca y de un padre escocés americano, nacido en Estados Unidos. 

Las narrativas de sus canciones versan sobre la resistencia indígena en su defensa de la visión original de las plantas y alimentos sagrados de su cultura oaxaqueña. Al mismo tiempo, continúa las tradiciones del continente americano. 

Si bien ha producido canciones en lenguas indígenas mexicanas, no las cantó aquella noche. Además de ser una activista de derechos humanos, sus letras a menudo cuentan historias que van desde la injusticia social hasta las crónicas latinoamericanas de mujeres de origen indígena y de clase trabajadora. Esta síntesis de temas la ha llevado a ganar cinco premios Grammy Latinos y un Grammy. Desde 1994, ha lanzado un total de 15 álbumes. Downs es, sin lugar a dudas, una de las voces más dominantes y únicas que existen en la actualidad.

En el concierto también usó un pañuelo morado, típico de Michoacán durante todo el show. En algún momento del programa, también se puso un sombrero de vaquero negro. Ciertamente estaba bien vestida para la ocasión. Según explicó era para “dar ofrendas” a sus seres queridos.

Abrió su espectáculo con “Son del chile frito”, seguido de “La Campanera”. Dio detalles sobre el origen de muchas de sus canciones. En cierto momento, le dije a mi amiga: “Es como si nos estuviera dando un recorrido por su país”.

Y si no fuera suficiente fascinarse con su poderosa voz y el rango que fluctuaba desde bajo hasta soprano, o con su impresionante banda de siete personas, recibimos otra sorpresa: El Ballet Folklórico de Los Ángeles. Las bailarinas – principalmente mujeres – danzaban como cholos mexicano-americanos. Sus pasos son conocidos como baile de cholos o cumbia de cholos. Al verlas durante el concierto recordé la película de 2019 de Fernando Frías de la Parra por Netflix, “Ya no estoy aquí”. Fue ahí cuando vi por primera vez aquel estilo de baile mixto (por cierto, relacionado con el Chicanismo).

Pero a medida que avanzaba la noche, los varones comenzaron a participar en los bailes, que además se volvieron más tradicionales, aunque las mujeres fueron las estrellas en el escenario esa noche.

Y éste fue, realmente, el tono de la velada: una mezcla de música y baile.

Por último, no menos importante fueron las imágenes proyectadas en la pantalla grande (encima de la banda). Cada canción inspiraba títulos o íconos diferentes, series de dibujos animados,  caricaturas de guerreros peleando. La pantalla se ponía toda negra y un esqueleto, a través de colores neón imitaba los movimientos de Lila. Todo ello, alineado en mi opinión con el tema central del Día de los Muertos de su espectáculo.

La ofrenda más sentida la hizo la cantante nacida en 1968 en honor de su esposo, Paul Cohen, quien falleció en diciembre pasado a los 69 años. Una imagen de él apareció en la pantalla durante su interpretación de La Llorona. La velada terminó siendo verdaderamente una celebración de la memoria de nuestros seres queridos, una noche de los muertos.

Esa parte del espectáculo fue la única maravillosamente triste. También fue una de las pocas canciones a la que no dio una descripción antes de interpretarla (lo cual tiene sentido: quería mantener su dolor en privado).

Pero como la fusión que ella es, nos sacó de esa tristeza con canciones más alegres. Sin duda, mi parte favorita del programa, la que me hizo levantarme de mi asiento y ponerme a bailar, fue cuando interpretó un cover de la cumbia peruana Cariñito. Reconocí esta canción, de Los Hijos del Sol, del álbum recopilatorio Las Raíces de Chicha. Es una canción que profesa el amor y la esperanza de nunca ser abandonado por su pareja (y créanme: no fui la única que bailó durante la interpretación de esa canción).

La cantante tocó durante unos 90 minutos, incluyendo dos bises a pedido del público. Por supuesto, todos queríamos más de Lila, porque ella es seductoramente mágica. Y, más importante aún, ella es como nosotros: una fusión global. Es una guerrera y una mujer protectora, habla inglés y español y representa tanto a México como a Estados Unidos durante esta temporada de conmemoración.

* Hibridismo cultural: término que, según su creador el sociólogo Néstor García Cantini, consiste en “procesos socioculturales en los que [algunas] estructuras o prácticas discretas, que existían de forma separada, se combinan para generar nuevas estructuras, objetos y prácticas”. (N. del traductor)

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Dr. Clariza Ruiz De Castilla is a faculty member in both the Chicano Studies and Communication Studies Departments at CSULB. She has been at the Beach since 2014 and has nearly 20 years of teaching experience...